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sábado, 1 de agosto de 2015

Finlandeses, ¿estáis seguros?


- Desde Helsinki afirman que la caligrafía tradicional será optativa en sus colegios. Mientras tanto, los expertos apelan a los beneficios de aprender a escribir a mano.

No saber escribir, hasta ahora signo de analfabetismo, puede empezar a ser considerado síntoma de progreso. Las nuevas formas de comunicación —correo electrónico o mensaje de móvil; en ambos casos, mediante un teclado— han relegado la escritura manual a un uso mínimo. ¿Necesitaremos aprender a escribir a mano en el futuro? Algunos ya han decidido que no: en Finlandia, la enseñanza de la caligrafía en las escuelas será opcional a partir de 2016.
El pasado 18 de noviembre, esta noticia fue acogida por muchos con estupor. Algunos medios publicaron que a los niños se les iba a dejar de enseñar a escribir. Realmente, los planes del Instituto Nacional de Educación de Finlandia no son tan drásticos (la enseñanza de la caligrafía como caracteres enlazados se seguirá impartiendo, aunque no será obligatoria; sí lo será la escritura manual en letra de imprenta), pero pone sobre la mesa una cuestión que quizá llevábamos un tiempo intentando posponer: si en la actualidad nosotros apenas usamos papel y bolígrafo, ¿lo harán nuestros hijos? ¿Tiene sentido, por tanto, obligarles a aprender a escribir? Yendo un poco más lejos: ¿llegaría el día en que, efectivamente, no sea necesario?

No saber escribir, hasta ahora signo de analfabetismo, puede empezar a ser considerado síntoma de progreso. Las nuevas formas de comunicación —correo electrónico o mensaje de móvil; en ambos casos, mediante un teclado— han relegado la escritura manual a un uso mínimo. ¿Necesitaremos aprender a escribir a mano en el futuro? Algunos ya han decidido que no: en Finlandia, la enseñanza de la caligrafía en las escuelas será opcional a partir de 2016.

El pasado 18 de noviembre, esta noticia fue acogida por muchos con estupor. Algunos medios publicaron que a los niños se les iba a dejar de enseñar a escribir. Realmente, los planes del Instituto Nacional de Educación de Finlandia no son tan drásticos (la enseñanza de la caligrafía como caracteres enlazados se seguirá impartiendo, aunque no será obligatoria; sí lo será la escritura manual en letra de imprenta), pero pone sobre la mesa una cuestión que quizá llevábamos un tiempo intentando posponer: si en la actualidad nosotros apenas usamos papel y bolígrafo, ¿lo harán nuestros hijos? ¿Tiene sentido, por tanto, obligarles a aprender a escribir? Yendo un poco más lejos: ¿llegaría el día en que, efectivamente, no sea necesario?

No saber escribir, hasta ahora signo de analfabetismo, puede empezar a ser considerado síntoma de progreso. Las nuevas formas de comunicación —correo electrónico o mensaje de móvil; en ambos casos, mediante un teclado— han relegado la escritura manual a un uso mínimo. ¿Necesitaremos aprender a escribir a mano en el futuro? Algunos ya han decidido que no: en Finlandia, la enseñanza de la caligrafía en las escuelas será opcional a partir de 2016.

El pasado 18 de noviembre, esta noticia fue acogida por muchos con estupor. Algunos medios publicaron que a los niños se les iba a dejar de enseñar a escribir. Realmente, los planes del Instituto Nacional de Educación de Finlandia no son tan drásticos (la enseñanza de la caligrafía como caracteres enlazados se seguirá impartiendo, aunque no será obligatoria; sí lo será la escritura manual en letra de imprenta), pero pone sobre la mesa una cuestión que quizá llevábamos un tiempo intentando posponer: si en la actualidad nosotros apenas usamos papel y bolígrafo, ¿lo harán nuestros hijos? ¿Tiene sentido, por tanto, obligarles a aprender a escribir? Yendo un poco más lejos: ¿llegaría el día en que, efectivamente, no sea necesario?

Extraido de: http://elpais.com/ 



lunes, 4 de abril de 2011

Un niño sin cerebelo desafía lo imposible

La historia de Chase Britton conmueve y fascina. Este niño, de casi cinco años, carece de cerebelo, pero eso no le impide estar aprendiendo las mismas cosas que otros niños, un poco más lentamente.…


Heather y David Britton no lo han tenido fácil últimamente. Antes de tener a nuestro protagonista, nació prematuramente Trey, quien solo logró vivir seis semanas, La pareja lo intentó de nuevo y fueron a por Chase. Cuando nació, también con adelanto, el bebé Chase fue declarado ciego.


Al buscar la causa de sus atrasos, los médicos encontraron que carecía de cerebelo: esa parte del cerebro que controla las habilidades motoras, el equilibrio y parte de la percepción sensorial.


Una lesión en el cerebelo impide sentarse erguido, mantenerse de pie o andar. Sin embargo, Chase desafía todos los estudios neurológicos: tiene algo más de cuatro años y medio y ha aprendido a sentarse; se desplaza con ayuda de un andador, está aprendiendo a caminar, utiliza lápices y tijeras en la escuela preescolar a la que acude y no para de sorprender a diario a su hermano mayor (13), padres, profesores y médicos.


“Su historia no es trágica”, decía la mamá a los medios hace pocas semanas: cuando ves a estas dos personas hablar sobre su hijo y sus progresos, comprendes parte del milagro. Creo que hay que ser de espíritu muy fuerte para llevar adelante a un niño con estos problemas. Ellos demuestran serlo, sin duda. No sólo no se han rendido a las evidencias y los dictámenes médicos, sino que forman una red de apoyo, estímulo y amor para el niño. Chase quiere aprender y progresar, pero sin la confianza que su familia le presta a diario


¿habría podido conseguir tantos avances? Cuesta imaginar qué haríamos nosotros en un caso como ése. Según los doctores, este niño no veía al nacer, no podría caminar, etc. ¿Hubiésemos creído a los médicos, desesperando por la salud y el normal crecimiento de nuestro bebé? ¿O habríamos aprendido a motivarle y ayudado a desarrollarse a pesar de todo? La mamá de Chase lo tiene claro: “No te des por vencida”.


lunes, 1 de junio de 2009

Uno de cada tres menores de cinco años tiene el sueño alterado

Un estudio realizado en la Comunidad Valenciana por dos asociaciones pediátricas sobre los trastornos del sueño revela que niños y adolescentes duermen poco y mal. Así, uno de cada tres menores de cinco años tiene el sueño alterado y casi el 53% de los adolescentes duerme menos de ocho horas, cuando lo aconsejable son nueve.
Este trabajo, que se realizará a escala nacional, arroja otros datos preocupantes, como que un 13% de los niños se duerme en clase, casi un 30% tiene dificultades para mantener la vigilia y más de un 50% confiesa que tiene sueño durante el día. Además, hasta un 12% de los bebés de seis meses a un año duerme boca abajo, una posición desaconsejada por los pediatras por incrementar notablemente el riesgo de muerte súbita, y cada vez se duermen menos siestas, hábito recomendable para el desarrollo de los críos.
En general, se registra una mala calidad del sueño en las primeras fases de la vida, coinciden el doctor Gonzalo Pin, coordinador del grupo de trastornos del sueño de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepaep), y su colega Ramón Ugarte, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap). Y es que un 20% de los menores sufre insomnio, un 17% sonambulismo, un 10% alteraciones respiratorias o ronquidos, y un 2% apnea o síndrome de piernas inquietas.
"Es un problema de consecuencias graves tanto a nivel sanitario, como educativo, social y económico", advierten los pediatras. "Los niños con déficit de sueño tendrán problemas de desarrollo, no ganarán peso como deben y serán proclives a padecer obesidad o hiperactividad, mientras que los adolescentes que no descansan bien y se duermen en clase, tienen problemas de aprendizaje tan graves que generan déficit de atención y fracaso escolar. Los que, además, se mueven en moto -que cada vez son más- multiplican por mucho el riesgo de padecer accidentes", apunta el doctor Ugarte.
Adecuar horarios lectivos al descanso
La falta de sueño genera una dificultad de aprendizaje que se agrava con unos horarios que no contemplan los ciclos circadianos que regulan nuestro descanso "y gracias a los cuales sabemos que se aprende mejor a partir de las once de la mañana y de las cuatro de la tarde y que es muy difícil asimilar conocimientos a las ocho de la mañana", explica el pediatra Gonzalo Pin, que propone adecuar los horarios lectivos al ciclo de descanso.
"El sistema inmunitario se desarrolla durante el sueño, de modo que si no se descansa, se debilita", indica el experto. Muchos bebés casi nunca duermen las tres siestas diarias que deberían en las guarderías y centro educativos. Ocho de cada diez críos entre dos y tres años duerme una siesta al día, un 16% no lo hace y sólo un 4% duerme dos, cuando según este pediatra "privar a los más pequeños de las siestas por decreto educativo es una barbaridad".