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jueves, 14 de enero de 2010

Dormir con tu bebé: Una guía para padres sobre el colecho

Dormir con los bebés ha sido la norma habitual en casi todas las culturas de todos los tiempos. No obstante, en las sociedades occidentales contemporáneas, esta práctica despierta dudas y sentimientos de culpabilidad. En Dormir con tu bebé: una guía para padres sobre el colecho, el Dr. James McKenna, autoridad mundial sobre la materia, examina por qué las recomendaciones simplistas contra todas las formas de colecho no solo carecen de base científica, sino que además son peligrosas y moralmente erróneas. El libro proporciona la información más actual sobre los potenciales beneficios científicos del colecho, y muestra a los lectores varias formas de practicarlo con seguridad, compartiendo una misma cama o habitación. Además, contiene secciones sobre cómo evitar riesgos y accidentes, y explica cómo y por qué puede ser beneficioso dormir con su bebé.

«Espero que este libro dé a nuevas generaciones de padres la oportunidad de dormir tranquilos y disfrutar de sus hijos sin temor, sabiendo que lo que sus hijos y sus corazones les piden es también lo que la ciencia recomienda, y lo que otros millones de padres hacen y han hecho desde el comienzo de los tiempos».
Dr. Carlos González, pediatra

Autor: James McKenna

Editado por Crianza Natural

128 páginas
Publicado en diciembre de 2009
ISBN: 978-84-613-5275-3

lunes, 1 de junio de 2009

Uno de cada tres menores de cinco años tiene el sueño alterado

Un estudio realizado en la Comunidad Valenciana por dos asociaciones pediátricas sobre los trastornos del sueño revela que niños y adolescentes duermen poco y mal. Así, uno de cada tres menores de cinco años tiene el sueño alterado y casi el 53% de los adolescentes duerme menos de ocho horas, cuando lo aconsejable son nueve.
Este trabajo, que se realizará a escala nacional, arroja otros datos preocupantes, como que un 13% de los niños se duerme en clase, casi un 30% tiene dificultades para mantener la vigilia y más de un 50% confiesa que tiene sueño durante el día. Además, hasta un 12% de los bebés de seis meses a un año duerme boca abajo, una posición desaconsejada por los pediatras por incrementar notablemente el riesgo de muerte súbita, y cada vez se duermen menos siestas, hábito recomendable para el desarrollo de los críos.
En general, se registra una mala calidad del sueño en las primeras fases de la vida, coinciden el doctor Gonzalo Pin, coordinador del grupo de trastornos del sueño de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepaep), y su colega Ramón Ugarte, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap). Y es que un 20% de los menores sufre insomnio, un 17% sonambulismo, un 10% alteraciones respiratorias o ronquidos, y un 2% apnea o síndrome de piernas inquietas.
"Es un problema de consecuencias graves tanto a nivel sanitario, como educativo, social y económico", advierten los pediatras. "Los niños con déficit de sueño tendrán problemas de desarrollo, no ganarán peso como deben y serán proclives a padecer obesidad o hiperactividad, mientras que los adolescentes que no descansan bien y se duermen en clase, tienen problemas de aprendizaje tan graves que generan déficit de atención y fracaso escolar. Los que, además, se mueven en moto -que cada vez son más- multiplican por mucho el riesgo de padecer accidentes", apunta el doctor Ugarte.
Adecuar horarios lectivos al descanso
La falta de sueño genera una dificultad de aprendizaje que se agrava con unos horarios que no contemplan los ciclos circadianos que regulan nuestro descanso "y gracias a los cuales sabemos que se aprende mejor a partir de las once de la mañana y de las cuatro de la tarde y que es muy difícil asimilar conocimientos a las ocho de la mañana", explica el pediatra Gonzalo Pin, que propone adecuar los horarios lectivos al ciclo de descanso.
"El sistema inmunitario se desarrolla durante el sueño, de modo que si no se descansa, se debilita", indica el experto. Muchos bebés casi nunca duermen las tres siestas diarias que deberían en las guarderías y centro educativos. Ocho de cada diez críos entre dos y tres años duerme una siesta al día, un 16% no lo hace y sólo un 4% duerme dos, cuando según este pediatra "privar a los más pequeños de las siestas por decreto educativo es una barbaridad".

jueves, 19 de marzo de 2009

Si las nanas no funcionan, pruebe con un masaje

Antes de dormir, unos minutos de masaje pueden ayudar al bebé a conciliar el sueño y a los padres a dormir durante más horas seguidas. Hasta ahora se conocían los beneficios de los masajes infantiles como relajantes, antidepresivos, e incluso para aumentar la interacción materno-infantil. Ahora, por primera vez, se señala que pueden incluso regular el ritmo circadiano del neonato, facilitando la conciliación del sueño.
Un grupo de científicos de la Universidad de Haifa , en Israel, ha sido el primero en cuantificar los efectos de los masajes nocturnos en bebés midiendo la producción de melatonina, una hormona reguladora del sueño que se segrega durante las horas nocturnas. El sistema circadiano, el reloj biológico por el que el ser humano se ajusta a los ciclos de 'día-noche', es el encargado de controlar la secreción de melatonina.
Según explican estos investigadores, los masajes antes de la hora de dormir pueden servir al bebé como un potente identificador de tiempo, de manera que les permite coordinar más fácilmente su propio sistema circardiano con las señales ambientales que le rodean.
Inactivos durante la noche
Veinte madres con bebés recién nacidos (entre 10 y 14 días de vida) participaron en este estudio, publicado en el 'Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics'. Al cabo de las seis-ocho semanas de terapia, se empleó un sensor para evaluar los niveles de actividad diurna y nocturna de los bebés. Sólo la mitad de las madres masajeó al bebé antes de acostarlo y fueron precisamente estos niños los que se mostraron más inactivos durante las horas nocturnas, además, sus ritmos de actividad diurna-nocturna se alinearon con los de sus madres. Por el contrario, los niños que no habían recibido masajes estuvieron más despiertos durante la noche.
El ensayo también midió los niveles de melatonina, y se pudo comprobar cómo estos aumentaban durante la noche entre los niños del grupo de masaje. Las conclusiones añaden que es posible que las propias madres modificasen su actitud hacia el bebé a consecuencia de los masajes y de los cambios de los ritmos de sueño del niño.
El masaje infantil es una antigua tradición en muchas culturas del mundo, y se basa en la filosofía que asegura que el tacto logra crear una mayor interacción entre la madre y el niño. Para llegar a este grado de conexión la madre debe masajear suavemente la espalda y el vientre del bebé trazando pequeños círculos. Además, se puede extender el masaje a las extremidades, con suaves movimientos en verticales, como si se estuviese 'ordeñando'.
Fuente: El Mundo