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domingo, 28 de junio de 2009

Por qué se aconseja lactancia materna hasta los dos años o más

En varias ocasiones explicábamos la recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. A partir de ese momento y hasta el año la leche debería seguir siendo el principal alimento con la complementación de otros nutrientes.
Desde los 12 meses la leche materna sigue siendo un alimento incomparable en la dieta de los niños y por eso la recomendación de la OMS y de la mayoría de asociaciones y organismos relacionados con la salud es la de continuar con la lactancia materna hasta los dos años o más o hasta que la madre y el hijo lo deseen.
Hay poca información científica relativa al amamantamiento en la edad comprendida entre los 12 y los 24 meses y en adelante pues son pocos los niños que llegan a esas edades siendo amamantados, sin embargo la información disponible indica que incluso después de los dos años de edad la leche materna sigue siendo un excelente aporte de calorías y nutrientes.
El periodo que comprende entre el nacimiento y los dos años de edad es vital para el desarrollo, el crecimiento y la salud de una persona. A continuación explicaremos por qué no se recomienda suprimir la leche materna durante este periodo crítico.
La leche materna sigue siendo el mejor alimento
La leche materna tiene un contenido de grasa relativamente alto comparada con la mayoría de los alimentos complementarios. Es una fuente clave de energía y ácidos grasos esenciales, que tienen una relación directa con el desarrollo cerebral de los niños y sigue siendo el alimento más completo desde el punto de vista nutricional.
La leche materna se adapta a la edad del niño que la toma. Esto quiere decir que a medida que el niño crece la leche aporta más calorías.
Aporta beneficios psicológicos y un mejor desarrollo cognitivo
Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).
A pesar de los muchos prejuicios populares en torno a amamantar a niños mayorcitos (aunque quizá habría que definir qué es un niño mayorcito, pues hay personas que consideran que mayorcito para mamar es un niño de 4 meses y hay otras para las que no lo es hasta pasados los 12-15 meses), no existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social.
Lawrence Gartner, presidente del grupo de trabajo de lactancia de la AAP (Asociación Americana de Pediatría) explicó en la última declaración que se ha hecho al respecto, que data de 1997, que “la Academia no ha establecido un límite (para la lactancia). Hay niños que son amamantados hasta los 4,5 o 6 años. Esto puede ser poco frecuente, pero no perjudicial”.
Fergusson y colaboradores mostraron en 1999 que los niños de 15 a 18 años que habían sido amamantados durante más tiempo presentaban mejores niveles de apego a sus padres y consideraban a sus madres menos sobreprotectoras, pero que se ocupaban más de su cuidado, si se les comparaba con jóvenes que hubieran sido alimentados con leche de fórmula.
Angelsen N y colaboradores concluyeron en 2001 que un mayor tiempo de lactancia materna beneficiaba el desarrollo cognitivo de los bebés. Para este estudio compararon a niños que no habían llegado a los 3 meses de lactancia materna, a los que se quedaron entre los 3 y los 6 y a los que fueron amamantados 6 meses o más. El resultado fue que aquellos que fueron amamantados más tiempo obtenían mejores puntuaciones en los tests cognitivos realizados a los 13 meses y a los 5 años.
Continúa ofreciendo protección inmunitaria
El sistema inmunológico de un niño madura definitivamente en una edad comprendida entre los 2 y los 6 años de edad. La leche materna es una fuente incomparable de defensas (de hecho la concentración de células inmunológicas en la leche aumenta en el segundo año) por lo que el niño amamantado seguirá beneficiándose del aporte de defensas materno mientras su propio sistema acaba de madurar.
Esto se hace evidente en situación de enfermedad cuando el apetito de los niños por otros alimentos desciende pero la ingesta de leche materna se mantiene. En patologías gastrointestinales sobretodo, supone el mejor recurso de alimentación e hidratación, mejorando la recuperación de los niños.
Se ha constatado también que cuando un niño es vacunado la lactancia materna aumenta la respuesta inmunológica, estimulando aún más el sistema inmunitario del lactante.
La lactancia materna hasta al menos los dos años, y esta es una de las razones más importantes para esta recomendación, protege ante la diabetes tipo 1.
Numerosos estudios sugieren la relación entre la diabetes tipo 1 y la introducción antes del primer año de vida de productos que contienen proteínas de leche de vaca intactas (derivados de la leche no adaptados).
Es un factor de protección frente a la obesidad infantil
Los niños amamantados son generalmente más delgados y se ha observado que parece ser un factor protector de la obesidad.
A mayor duración de la lactancia, menor riesgo de obesidad y sobrepeso. Se ha demostrado una prevalencia de obesidad a los 5-6 años de edad del 4,5% en niños no amamantados, del 3,8% en los amamantados durante 2 meses, del 2,3% de 3 a 5 meses, del 1,7% los amamantados entre 6 y 12 meses y del 0,8% en aquellos con lactancias superiores al año de edad.
A más tiempo amamantando, mayores beneficios para la madre
Ya hemos hablado en Bebés y más de los numerosos beneficios de la lactancia para la madre. Cuanto más tiempo amamante una mujer, mayores son los beneficios.
La lactancia a demanda retrasa la menstruación en muchas mujeres. Las necesidades de hierro en la dieta materna se reducen a la mitad. Esto hace, además, que el momento de fertilidad se atrase.
Disminuye el riesgo de fracturas por osteoporosis en la edad anciana. Se desconoce la causa pero se ha evidenciado en estudios con personas de edad avanzada que aquellas mujeres que dieron de mamar más tiempo padecen en la actualidad menos fracturas.
Reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios. Por cada 12 meses de aumento de la duración media de lactancia materna en las poblaciones de los países desarrollados se podrían evitar más de 50.000 casos de cáncer. Esto equivale a un 4,6% de disminución de riesgo para una mujer por cada 12 meses que da el pecho.
Como veis los beneficios conocidos tanto para la mamá como para el bebé son numerosos. Según demuestran los estudios antropológicos la edad natural del destete es entre los dos y los siete años y cada vez hay más niños que son amamantados hasta edades avanzadas (los 4,5 o 6 que comentó el presidente de la AAP hace más de diez años).
¿Hasta cuándo dar de mamar a un niño? A pesar de todo lo explicado la respuesta es clara: hasta cuando la madre y el niño quieran.

martes, 16 de junio de 2009

Hablar al bebé determina sus capacidades lingüísticas

Barcelona, 15 jun (EFE).- Los humanos nacen con la capacidad de aprender cualquier lengua del mundo, distinguir sus sonidos y sus diferencias fonéticas, pero al cumplir casi su primer año de vida esta habilidad se ve limitada por la influencia que el idioma materno tiene en el cerebro del bebé en sus primeros meses de vida.
Éste es uno de los puntos de partida del estudio elaborado por un grupo de investigadores, algunos de varias universidades catalanas, que indica que tras sus primeros once meses los bebés empiezan a establecer categorías de sonidos, creando un espacio cognitivo y perceptivo más concreto que reduce su capacidad de aprendizaje.
El estudio ("Narrowing of intersensory speech perception in infancy") ha sido elaborado por Ferran Pons, del departamento de Psicología Básica de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona; David J. Lewkowicz, de la Florida Atlantic University (EEUU), y Núria Sebastián y Salvador Soto-Faraco, de la Pompeu Fabra, y los laboratorios del Hospital Sant Joan de Déu.
La investigación, enmarcada en el proyecto Brainglot Consolider de neurociencia cognitiva, se ha llevado gracias a la colaboración de padres que facilitaron la participación de sus bebés: una muestra de bebés de ambiente monolingüe de Barcelona (24 bebés de 6 meses y 24 de 11 meses) y otros 24 bebés de 6 meses y 16 de 11 meses de Florida, ha informado hoy la UB.
Los expertos partían de la base de que cada lengua tiene unos sonidos particulares a los que el cerebro del bebé está abierto, con habilidad para percibirlos, aprenderlos y pronunciarlos.
Aunque tradicionalmente el aprendizaje se entendía como una ampliación de la suma de habilidades, muchos científicos defendían la hipótesis de que éste es resultado de una reestructuración o delimitación del espacio perceptivo ("narrowing"), denominador común en la evolución global del desarrollo cognitivo.
"Este estudio es pionero porque incorpora por primera vez el conjunto de estímulos reales que recibe un bebé de su entorno. Queríamos explorar el mundo real en el que están los bebés, porque el mundo no es únicamente visual o acústico, sino que es una combinación de estímulos, y hasta ahora los estudios habían explorado una única modalidad", ha explicado Ferran Pons.
Según los investigadores, los bebés no sólo escuchan palabras, sino que las ven. Perciben la lengua de forma auditiva y visual: ni escuchan sin mirar, ni miran las caras de las personas que les hablan sin escuchar, explica Pons, experto en el estudio de los mecanismos cognitivos para la adquisición y el uso de diferentes idiomas.
Los bebés fueron expuestos a estímulos visuales y auditivos (en concreto, fonemas en lengua inglesa) para estudiar su percepción por los recién nacidos.
La reorganización perceptiva muestra la influencia de la lengua materna en la capacidad de los bebés para captar estímulos auditivos.
"Es el coste de especializarse en su entorno, según sus habilidades cognitivas; con ello pierdes la habilidad de aprender otras cosas. Un coste que es preciso pagar y sería altamente inadaptativo no hacerlo así", añade Pons, quien indica que el bebé deja de hacer una serie de labores porque no las necesita.
A los seis meses, la respuesta de los bebés es "universal", independientemente de su lengua de origen. Así, todos ellos supieron integrar audiovisualmente los fonemas del inglés: eran capaces de percibir la correspondencia entre el sonido del habla y el correspondiente gesto de la cara al pronunciarlo.
Pero a los once meses, el proceso de percepción multisensorial de estímulos fue diferente, más selectivo y más parecido al de los adultos, informan las autores del estudio, que se publica en "Proceedings of the National Academy of Sciences".
Las diferencias frente a los fonemas se aprecian en el grupo de bebés de once meses, concretamente en los de Barcelona. Los bebés que adquirieron más experiencia con su lengua ya no fueron capaces de percibir la correspondencia auditiva y visual de los fonemas del inglés. Habían comenzado su proceso de reorganización perceptiva.

miércoles, 29 de abril de 2009

Consumir grasas trans durante el embarazo puede afectar al desarrollo cognitivo del niño, según un experto de la AESAN

MADRID, 21 Abr. (EUROPA PRESS) -
Ingerir en exceso alimentos que contengan grasas trans, como la bollería industrial, los helados, la margarina o las patatas fritas durante el embarazo y la lactancia pueden afectar al desarrollo cognitivo de los niños y reducir su peso al nacer, según afirmó hoy el responsable de Componentes y Aditivos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el doctor Pedro Mario Fernández.
Durante el transcurso de las XIII Jornadas Nacionales de Nutrición Práctica que se celebran hoy y mañana en Madrid, este experto explicó que los ácidos grasos trans (AGT) "retrasan la fecha de caducidad de los alimentos, reducen su oxidación y mejoran su textura y flexibilidad". Sin embargo, este componente, que se puede transmitir al bebé durante la gestación y a través de la leche materna, "es una estructura artificial derivada de procesos industriales que nuestro cuerpo no reconoce, no puede metabolizar y que se limita a acumularse en el organismo", aseguró el doctor Fernández.
Otra de las complicaciones más importantes derivadas del consumo "no controlado" de los AGT son las enfermedades cardiovasculares. En este sentido, los AGT son responsables de la reducción del colesterol HDL ("bueno") y del aumento del LDL ("malo"), lo que a la larga se traduce en "un mayor riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares" --como el infarto de miocardio agudo-- "e incluso en el desarrollo de una diabetes tipo 2", aseveró el responsable de la AESAN.
Estos ácidos grasos son también responsables de anular los "efectos positivos" de otros elementos como las vitaminas liposolubles (A,D,E y K) "imprescindibles para la salud de los niños", apuntó. A este respecto, el Ministerio de Salud y Política Social, a través de la estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (NAOS), aconseja la "vigilancia y la reducción de la ingesta de este compuesto" hasta el 0,5-2 por ciento del aporte calórico diario. MODERACIÓN CON LAS PALOMITAS DE MICROONDAS Y LAS PATATAS FRITAS La dieta mediterránea, predominante en España, hace que la ingesta media de grasas trans sea más baja que la de otros países como EE.UU. o Canadá. No obstante, "la cultura de la 'fast-food', representada no sólo por las pizzas o las hamburguesas, sino también por los 'snacks' y la bollería industrial, hace que nuestro país no esté exento de los efectos negativos que provocan los AGT", explicó el doctor Pedro Mario Fernández.
Según este experto, la alimentación de niños y adolescentes merece una "especial atención" porque son el segmento poblacional "que más alimentos de este tipo consume". "Por poner varios ejemplos de comidas predilectas para los niños, las palomitas de microondas contienen hasta un 36 por ciento de grasas trans, las patatas fritas hasta un 20, las sopas deshidratadas (de sobre) hasta un 15, las hamburguesas hasta un 4 y las pizzas hasta un 3 por ciento", comentó. Respecto al resto de grasas, el doctor Fernández señaló que "todas tienen el mismo aporte calórico, desde las trans hasta las insaturadas, pero sus efectos sobre los niveles de colesterol son muy diferentes".
Así, las grasas monoinsaturadas --aceite de oliva-- aumentan el colesterol "bueno" (HDL) y reducen el "malo" (LDL); las Omega 6 --aceites de girasol, maíz-- reducen los dos tipos de colesterol; las Omega 3 --nueces, pescado, soja-- reducen el LDL y mantienen los niveles de HDL; y por último, tanto las grasas trans como las saturadas --leche entera, carne roja-- reducen el colesterol bueno y aumentan el malo.